jueves, 22 de agosto de 2013

Venganza.

Vivía en el barrio Las Flores, un lugar muy alegre hasta que él llegó. Mi compañero se llamaba Toby y todos los días íbamos juntos al parque a jugar. Fue una mañana que al volver de la escuela, él ya no estaba, entonces me dirigí al parque y note que no solo Toby faltaba, sino que mis vecinos estaban en la misma situación que yo. Todas las sospechas caían en él, entonces un día logré entrar a su casa. Y sucedió lo que nadie esperaba.


Estaba jugando a la pelota en la calle, cuando en un descuido se me va al patio del vecino. Entonces decidí tocar la puerta de su casa. Un hombre grande y antipático me atendió, le expliqué la situación y me invito a pasar. Mientras él buscaba mi pelota noté algo extraño en una de las puertas, no pude resistirme a abrirla, y me  encontré con las respuestas a todas mis dudas. Estaba oscuro y frio, el silencio era absoluto, los escalones infinitos. Al llegar al final de la escalera me encontré con una imagen que nunca voy a olvidar, todos los perros del barrio estaban allí, sin vida, con sus miradas quietas. Me desesperé y corrí hacia arriba. En la puerta me estaba esperando el viejo, lo empuje y salí de allí inmediatamente a contarle a todos. El vecindario se reunió para escucharme, ellos querían llamar a la policía pero yo no podía soportar el dolor, entonces decidí vengarme mientras todos estaban a la espera. Recogí un hacha que había en mi patio y regrese a su casa. Mis manos me transpiraban y el corazón no paraba de latirme fuertemente, pero la bronca y la tristeza eran más fuertes. Me animé a hacerlo y una vez terminado agarré mi perro y lo llevé conmigo. No podía quedarme en ese lugar, armé mi bolso y juntos partimos sin destino alguno. Ahora el va a estar siempre a mi lado, descansando junto con sus amigos.



Nunca nadie supo como encontraron al viejo muerto, ni tuvieron rastros de mí.  




Por Aldana y Agostina.

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